La sucesión presidencial arrancó en Chiapas, concretamente en San Juan Chamula, en donde José Antonio Meade, precandidato del Partido Revolucionario Institucional (PRI), inició su precampaña la madrugada del jueves, 14 de diciembre. Y aquí, en la entidad, aunque las piezas comenzaron a moverse desde al año pasado, el horizonte empezará a vislumbrase a partir del 23 de enero al registrarse las coaliciones partidistas e inicien las precampañas de aspirantes para ocupar el cargo de gobernador.

No hay que olvidar que la única gubernatura que actualmente tiene el Partido Verde Ecologista de México (PVEM) es la de Chiapas, ganada en 2012 en coalición con Nueva Alianza (Panal) y PRI. Aunque Meade fue recibido por priistas y verdes en San Juan Chamula, el evento realizado en el Polifórum de Tuxtla se convirtió en un “aplausometro”, al competir en militantes, aplausos y porras los rojos con los verdes.

Una semana después, el 21 de diciembre, el PVEM informó que participaría en las elecciones de Chiapas solo o en coalición con uno o más partidos políticos afines. Aunque no se externó la ruptura con los priistas, se dejó claro que el único convenio con PRI y Panal es para la elección federal de presidente de la República, senadores y legisladores.

Hasta el momento, nada se ha definido (al menos públicamente) sobre esta alianza y mientras no se resuelva el presunto divorcio entre los viejos aliados, la clase política chiapaneca permanece en el limbo.

Las elecciones en Chiapas se realizarán el domingo 1 de julio, simultáneamente con las elecciones federales, situación inédita en la entidad. Ese día acudiremos a la casilla, que corresponde a nuestro domicilio, en donde nos entregarán seis boletas para elegir: Presidente de la República, senadores, diputados federales y también gobernador, diputados locales y presidentes municipales.

Participarán once partidos políticos: PVEM, PRI, Acción Nacional, de la Revolución Democrática, Movimiento Regeneración Nacional (Morena), del Trabajo, Movimiento Ciudadano, Encuentro Social, Panal, además de los locales: Mover a Chiapas y Chiapas Unido. El gran reto, al igual que en el resto del país, será infundir confianza en los ciudadanos para que acudan a las urnas. En otras palabras, garantizar una jornada cívica pacífica y resultados inobjetables.

Aunque el padrón electoral de Chiapas es de tres millones 539 mil 839 ciudadanos, los que tienen credencial para votar son tres millones 464 mil 689, pero el promedio de participación, según el Instituto Nacional Electoral, es 46 por ciento.

El artículo 38 de la Constitución de Chiapas señala, entre otros requisitos, que para ser gobernador solo se requiere ser ciudadano chiapaneco –por nacimiento o con residencia mínima de ocho años –y tener 30 años cumplidos el día de la elección. Es decir, que cualquier chiapaneco tiene el derecho de aspirar a gobernar su entidad. Y, en consecuencia, en estos tiempos previos a las precampañas, hay muchísimos aspirantes para ocupar el cargo.

Todos los días crece la lista: En un principio, los nombres que se manejaban en las charlas de café eran los tres senadores: Luis Armando Melgar, Roberto Albores Gleason y Zoé Robledo. Además, el presidente del Congreso local Eduardo Ramírez Aguilar y el presidente del poder Judicial, Rutilio Escandón. Son los principales aspirantes, salvo el caso de Robledo que al parecer optó por dejarle el camino libre a Escandón en la precandidatura de Morena.

Después, la lista creció con otros aspirantes como Willy Ochoa, José Antonio Aguilar Bodegas y Jesús Alejo Orantes Ruiz; incluso, se ha mencionado al panista Francisco Rojas Toledo, al empresario Rómulo Farrera y más recientemente han surgido el alcalde tuxtleco Fernando Castellanos, Jorge Padilla Valdivia y María Elena Orantes. Más los que se apunten. Porque –como dice la Constitución– todos tenemos derecho a ser aspirantes. Y esto, en última instancia, es lo más atractivo de la democracia.

Con información de El Heraldo de Chiapas.