Es un achigual me definen lo que está sucediendo. Y, frente a mi expresión perpleja, explican: En las zonas campesinas-indígenas de Chiapas se acostumbra reunir en una cubeta las sobras de la comida, principalmente tortillas, y le ponen agua.

A eso se le llama achigual, es una mezcla que utilizan para dar de comer a los cerdos.

Lo ciertoo es que, en Chiapas, siempre, una línea recta no une dos puntos. E intentar entenderlo es un ejercicio muy complicado, incluso para los locales. Aquí la palabra asombro tiene tantos sinónimos como el vocablo “inverosímil” utilizado como calificativo.

¿Qué podríamos aseverar sobre la cotidianidad de balazos, los más recientes, no incluidos en los boletines oficiales, en un evento en Bochil antes de que llegase el gobernador? ¿Cómo entender que todos los sucesos políticos que leemos en la capital del país no han sucedido y, tal vez nunca sucedan en Chiapas?

¿Por qué es importante el proceso electoral de esta entidad federativa? Porque tiene un padrón electoral de 3 millones 485 mil personas, según cifras de septiembre de 2017, más las que se acumularon hasta el pasado febrero. Porque sus votos “cautivos” han sido fiel de la balanza en varias elecciones. Porque existe la costumbre de casillas donde votan los muertos. Por las comunidades alejadas donde las boletas electorales están en manos de unos cuantos, con beneplácito de unos muchos acostumbrados a no tomar decisiones.

Son muchos votos a favor de cualquiera de los candidatos presidenciales.

Un millón de votos, dicen que puede ofrecer el gobernador. ¿Serán para Andrés Manuel, para Anaya, para Meade? No se sabe. En la elección pasada, después del impulso del triunfo de Manuel Velasco, ganó Enrique Peña Nieto, pero no por mucho margen de diferencia con López Obrador.

Con el agregado de que en esta ocasión se elegirá, también, gobernador. Y es, justamente, en esto donde la fantasía política toma el lugar de la realidad. Donde la confusión es un elemento decisivo. ¿Por qué?