A Doble Espacio

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Por Enrique García Cuéllar

José Antonio Aguilar Bodegas ha visitado varios municipios del estado, y ha sido recibido con gusto y beneplácito en cada lugar donde ha estado.

Ese trabajo de visitar personalmente a las organizaciones y a las familias, parece un trabajo “a la antigüita”, sin embargo, la moderna mercadotecnia no lo ha podido sustituir, por más que los aspirantes jóvenes confíen más en el Photoshop que en gastar la suela de sus zapatos.

El popular Jósean sabe escuchar. Y es lo que hace frente a los grupos, oír sus necesidades, recoger los anhelos y hacer un inventario que será la base de acciones futuras.

Es lo que la gente quiere: que la escuchen, que la atiendan, saber que no es un simple elector o una cifra, sino un ser humano con necesidades, esperanzas y la búsqueda permanente de mejores niveles de vida. Eso lo sabe Aguilar Bodegas porque es un político completo, hecho en el campo de trabajo, en el surco que da el alimento, en el descanso bajo la sombra de un árbol luego de una jornada fatigante. No es el político de escritorio y aire acondicionado.

Su capacidad de trabajo es admirable. Va a la ciudad de México, trata sus asuntos y regresa el mismo día porque ya lo esperan otros grupos. Recuerdo que en una ocasión su esposa, Ayda, me dijo que fuera a la Capital a atender un asunto de Comunicación. Me informó que ya me tenían listo el boleto de ida y vuelta el mismo día. Protesté y le dije: “No soy José Antonio”. Claro; fui, descansé por la noche y regresé al otro día.

La política es y será la vida de Jósean, ahora en ese recorrido de caminos y brechas, en aguaceros diluviales y en el calor de la costa, el frío de Los Altos o la humedad asfixiante de la selva, se identificará con cada uno de los chiapanecos que saben de la trayectoria de quien podría recuperar la gubernatura para bien de un estado tan lastimado por aquel sexenio del que tardará mucho en reponerse.