Chiapanecos de segunda

En franca discusión con mis compañeras Sandra Gómez y Estefanía González acerca de la inseguridad en Tuxtla Gutiérrez, llegamos a un punto de discrepancia en el que no había la posibilidad de alinear nuestras opiniones al respecto. Con callo en los temas de equidad de género, Sandrá apuntó la diferencia que subía de tono el debate y no nos permtía alcanzar un acuerdo: Nosotras somos mujeres y estamos más vulnerables ante la violencia. Tiene razón.

En Tuxtla, una ciudad de más de medio millón de habítantes, cuyo crecimiento demográfico, es uno de los más altos de América y del mundo (consultar estadística y comparar con Tapachula, que hasta los 70s, era más grande que Tuxtla y hoy tiene menos de la mitad de habitantes que la capital), que ya desde la década de los 80s, era una de las ciudades con más autos per cápita ( lo supimos gracias a la caida del puente de la cintal y por el desabasto de gasolina) y que desde hace una década aproximadamente se ha convertido en punto destacado de flujo humano hacia el norte, enfrenta los conflictos del gigantismo, de la falta de planeación y de terribles gobiernos municipales con visiones corto placistas, que no ven más allá de su triénio.

Los aparatos de gobierno dedicados a la prevensión del delito, no han tenido efecto positivo. No sabemos que hacen. No conocemos una estrategia que de confianza a la ciudadanía y salvo las fotos, en las que se publicitan patrullas nuevas y rostros sonriente, de algo serio para que nos sintamos mejor mejor al respecto, no hay. La percepción del ciudadano promedio -narcisismo aparte- es que cada día estamos peor.

Lo cierto es que entre percepción y realidad, hay un trecho que muchos no ven o no entienden. En encuesta disponibles en el Instituto Mexicano de la competitivid y el INEGI, la percepción de victimización es que de 100 hogares, en 33 hay al menos historias propias o de conocidos que han sufrido, robos, asaltos o delitos violentos. La tercera parte de la población ha sufrido o sabe de delitos de gente cercana.

Otras estadísticas demuestran que Chiapas y Tuxtla Gutiérrez en específico, está en el 6 lugar de percepción de paz a nivel nacional, contrario a Culiacán, Acapulco y Ciudad Juáres, que son consideradas ciudaddes en donde se percibe menos la paz y armonía social. Los números muestran que el peor momento de intranquilidad social del país fue en 2010, en medio de la lucha contra el Narco, en el gobierno de Felipe Calderón y que hoy estamos mucho mejor, pese a Ayotzinapa, Tlataya y Tanhuato.

Independientemente de las causas de los crímenes, lo que se ha revelado es que el principal factor que estimula a los delincuentes es la impunidad, ello aunado al hastío social, que abona a ello, cuando no denuncia y ensancha la banda de falta de seguridad.  Los principales motivos que llevan a la población víctima de un delito a no denunciar son circunstancias atribuibles a la autoridad, por considerar la denuncia como una pérdida de tiempo con 32.2% y la desconfianza en la autoridad con 16.8%.

Puestas las cosas así, estimo que este tema obligará a realizar análisis segmentados para no perdernos en el mundo de la cifras y especialmente para no ahondar en la sensación de la indefensión o de la conformidad con lo mal que estamos en este ámbito. Más vale orientar para construir una mejor cultura al respecto, que ahondar en el jodidismo que ya de si es malo.

Álvaro Robles. Mail Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.